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Experiencias y sensaciones de un escapista

Lo primero que pasa por tu cabeza a la hora de afrontar un juego de escape es eso, como afrontarlo. Sin embargo, es una pregunta que queda en el aire, ya que por mucho que hayas jugado antes a otras salas, o tu cabeza quiera llevar una organización de alguna forma preestablecida antes de jugar, todo ello es inservible si no sabes lo que te vas a encontrar tras la puerta. De algo sirve, pero solo una vez dentro y cuando ves a lo que te enfrentas.

De este modo, se podría decir que hayas jugado a una sala o veinte, uno de los primeros sentimientos que tienes a la hora de acudir a un Escape Room es el de nervios y expectativa, de no saber lo que vas a encontrar dentro.

Puede que hayas leído opiniones, hoy en día están a la flor del día con Internet y espacios como nuestro Tripadvisor, pero ninguna de ellas llega a destripar lo que encuentras dentro, todo ello para preservar ese plus de sorpresa que dan este tipo de juegos.

Llegas al local, que en muchos casos se convierte en una primera actividad, la de encontrar el sitio y callejear por grandes avenidas en ocasiones por calles estrechas para plantarte en la puerta del sitio en cuestión. Supongo que es ahí cuando se acelera el pulso y el corazón comienza a ir más rápido, aún no estás dentro de la sala pero la adrenalina comienza a recorrer tu cuerpo antes de comenzar la actividad.

El Game Master te recibe, y este es un momento clave, ya que el cincuenta por ciento de las ocasiones, este primer encuentro influye de alguna forma en nuestras cabezas, haciendo que nuestra experiencia nos guste o no. Parece una tontería, muchos dirán que lo importante es el juego en sí, pero el hecho de empatizar con el Game Master desde el principio, suele ser clave en muchos casos. Pasado este momento, y tras dejar todos nuestros dispositivos electrónicos en pos de aislarnos del mundo durante una hora, es el momento de entrar al juego.

Experiencia Escapistas

Dentro de la sala

Si antes la adrenalina había subido, es aquí donde se dispara. Nuestros cerebros empiezan a funcionar mucho cada vez más rápido según la puerta se cierra tras nosotros. Es el momento en el que nuestras habilidades de organización afloran. Inconscientemente uno adopta el rol de líder y comienza a distribuir a su equipo por la sala, cada uno investiga un rincón y un lugar en la búsqueda de claves que ayuden a avanzar.

Ante nosotros pruebas desafiantes, candados y puertas por abrir, y mecanismos ocultos al a vista pero que al ser descubiertos nos siguen dando esas pequeñas dosis de adrenalina a nuestro cuerpo. Pequeñas descargas que estimulan nuestra mente y nos dan ánimos a seguir adelante ante la satisfacción de ver como abrimos cosas y descubrimos las soluciones. Es por ello que muchas veces las pistas restan este tipo de sensación a la hora de jugar, hay quienes las prefieren, hay quienes no quieren ni oír hablar de ellas, pero lo cierto es que lograr avanzar sin pistas hace que la adrenalina y la sensación de avanzar por nosotros mismos se acrecienten de manera exponencial.

Llega el momento de tensión, cuando uno se atasca, y comienza a ver como el minutero avanza sin detenerse y cada vez nos queda menos tiempo dentro de la sala. Surgen los conflictos del grupo, pero estos se solucionan rápido y todos probamos a abrir ese candado que se nos resiste o a dar ideas de lo que podemos hacer. Y es cuando sale la idea, y todos nos miramos sorprendidos de como no lo habíamos pensado antes, logrando al fin avanzar. El cronómetro entra en su fase final, los nervios y la adrenalina suben a su punto más álgido y justo a pocos segundos del final logramos abrir la puerta de salida e inconscientemente gritamos y saltamos celebrando nuestro escape.

Una buena experiencia de escape en vivo

Tras terminar llega el turno de que los latidos de nuestro corazón bajen y nuestra mente tome un descanso, comentamos las cosas que nos han gustado y surgen frases como "creía que no salíamos". Y llega el momento foto, posamos como si de famosos se tratase, y no es para menos ya que no todo el mundo logra la hazaña de salir de una sala de escape. Un experiencia en la que el trabajo en equipo, la destreza mental y la intuición son factores clave.
Estas son las sensaciones que a título personal produce una sala de escape; sin duda hay muchas más, pero todas y cada una de ellas solo hay una forma de descubrirlas. Y esa es por vosotros mismos, experimentando en vuestras propias carnes el hecho de escapar de una sala o fracasar en el intento, en este nuevo tipo de ocio que no deja indiferente a nadie ¿Te atreves?

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